La magia de Macondo, es la primera
impresión que causa al visitante de la Feria Internacional, cuando se encamina
hacia el pabellón ferial, donde se recrea como por encanto, el país que una vez
soñó y le arrebato al mundo de lo imposible, para traerlo al caribe, y
decorarlo con palmeras, los acordes de una parranda vallenata y el sombrero
voltiao.
Desde el umbral, se siente la magia de
aquella tierra arrancada de los relatos y vivencias de personajes que, recorren
cada rincón de ese “país” nacido de la pluma y el genio de una mente brillante.
Así es “Macondo” un país que en apariencia es
como cualquier otro, pero que se caracteriza por ser el único en que lo simple,
lo que para el común de la gente pasa inadvertido, allí es motivo de
celebración o de tristeza. En una tierra en la que las personas se reúnen en la
gallera, para apostarle al gallo ganador o simplemente tomarse unas cuantas
cervezas en la cantina con los amigos.
Allí en “Macondo” se puede sentir en el
ambiente y respirar el misterio, la magia que se pasea y se transforma
alegóricamente, entremezclándose entre los visitantes que, por momentos pasa
inadvertida, reapareciendo de improviso tras cualquier leve sonido o
simplemente emergiendo como por un encanto fantasmagórico
en medio de la penumbra
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